En esta ponencia realizo un repaso por las formas en que se ha venido desarrollando un estudio etnopedológico en tres valles altos del oeste de Catamarca, desde sus inicios -en el año 2012- al presente, abocado, en líneas generales, a la exploración de los conocimientos locales campesinos e indígenas sobre el complejo suelo-tierra (especialmente en relación a la actividad agrícola, aunque no circunscrito a ella) como una forma de aproximación a las formas que tomaron las prácticas productivas en el pasado.
A lo largo de este tiempo, esta investigación fue cambiando su enfoque no solo en lo pragmático (sobre cómo desarrollarla metodológica y técnicamente), sino también respecto a cómo se fue construyendo un objeto de estudio en particular (el complejo suelo-tierra), muy diferente a la idea de suelo desde la que se partió.
El disparador de este trabajo es una consulta que un miembro de la Comunidad India de Los Morteritos - Las Cuevas me realizó sobre una enfermedad que tenían las habas de algunos agricultores de la comunidad. Aunque acepté verlas, aclaré que las enfermedades de plantas no eran mi especialidad, y me comprometí a estudiar y consultar a especialistas.
Esto me ha conducido a pensar y reflexionar en torno a las tensiones, malos entendidos y desencuentros que se han generado y generan en el diálogo formal o informal entre los campesinos-indígenas y científicos-técnicos, que, aunque frustrantes para todas las partes, han constituido puntos de inflexión que las más de las veces reencaminaron las formas de hacer etnopedología, conduciendo a otras formas de comprensión de la idiosincrasia, identidad y conocimiento vallistos, y a nuevas/diferentes ideas de lo que es el suelo.