Los microplásticos suelen pasar inadvertidos para una buena parte de la ciudadanía, pese a que convivimos con ellos. La persistencia en el ambiente debida a la baja capacidad de degradación que poseen favorece su acumulación en el medio ambiente. A esto se suma su frecuente toxicidad y amplia distribución lo cual lo posiciona como un problema que requiere de nuevas tecnologías para su control y cambios de hábitos de la sociedad para mitigar sus consecuencias en el ambiente.