En tiempos del Humanismo renace en todo su esplendor la cultura clásica grecolatina. Es un nuevo maravilloso amanecer, en que el artista se reencuentra con el hombre, contemplando a la naturaleza. Varias fueron las circunstancias que produjeron el movimiento renovador. Una, en especial, conviene destacar: la de la lectura meditada de los clásicos. El sabor intelectual que produjo fue tan intenso que impulsó a la búsqueda de todas las obras antiguas. El humanista llegó, insensiblemente, a un estado armónico de emoción interior. Deseó y amó las obras clásicas; y por el trato continuo se enamoró, a su vez, del ambiente pagano que dichas obras describían en bellísimo estilo literario. A partir de entonces, los humanistas, que se sintieron recreadores de la cultura clásica, empezaron a utilizar con preferencia la lengua latina como medio de comunicación intelectual.