“América Latina no necesita un nuevo poder imperial” sentenciaba Rex Tillerson en febrero de este año. Con esta frase, la Casa Blanca advertía sobre la escaramuza geopolítica y económica que se avecinaba. ¿Es sólo Estados Unidos quien debe “preocuparse” por la creciente presencia china y rusa en el subcontinente o es que los países de la región deberían prestar más atención
a la cuestión?