En 1912, en mi obra ¿Es superior el hombre a la mujer? al tratar el papel que juegan los sexos en ía sociedad o colectividad, al estudiar sus respectivas funciones como elementos de la formación de las sociedades, de su vida y de su evolución, por primera vez hablé del dinamismo específico, considerándolo como un factor biológico al par de la herencia, de la adaptación o de la selección, y le asignaba entonces a la mujer, sólo por intuición, diré, el papel de elemento de inhibición, y al hombre, el de impulsión, sin entrar a analizar allí en qué consistía este factor biológico, y prometiendo de paso, en una llamada, tratarlo en el futuro.
Han transcurrido doce años desde esa publicación, y al través de ese tiempo, lejos de modificar mis opiniones acerca de las funciones de cada sexo en la vida de la especie humana y en su evolución, las he confirmado robusteciéndolas con grande acopio de elementos al estudiar el factor biológico en toda su amplitud que, como verá el lector, es el que determina la aceleración, el retardo o el estancamiento en la evolución de las especies, y es a él al que, más que a ningún otro, se debe la perpetuación o la extinción de las mismas.