Invitado a contribuir con mi modesto grano de arena para el simpático acto de homenaje a don Pascual Veiga, el admirado autor de la Alborada, he dudado si podría ofrecer ante el ilustre auditorio que llena este recinto, algo interesante o novedoso. Por otra parte, debía elegir un tema científicamente intacto que evocara, al mismo tiempo, en el alma gallega, aún a riesgo de excitar su sensibilidad con las saudades del terruño, los recuerdos del querido hogar y de los aires da minha térra; y he resuelto, al fin, discurrir algo sobre la astronomía popular gallega.