De vez en cuando, como nos lo dijera en cierta ocasión el sabio fisiólogo Pi Suñer, es conveniente efectuar una revisión de valores, tratando de adjudicar a cada concepto el valor que creamos debe tener. Evitaremos así el empleo de términos equívocos y de fantasías explicativas (a semejanza de la zarandeada ley biogenética fundamental de Haeckel), que sólo introducen inexactitudes en la ciencia de la vida. Error parcial, verdad incompleta. Si en biología (y creemos que en cualquier ciencia acontece lo mismo) no tratamos de adjudicar a cada cosa su valor, de nada sirve la observación y el experimento. Pero lo que más ha contribuido a enredar los problemas biológicos han sido los filosofistas de la biología que han creído que lo que es exacto en biología, trasladado a la sociología o a la psicología también lo es. Olvidan que una cosa son las agrupaciones y otras las sociedades unidas por lazos interespirituales.