Si se hace leer o escribir un número de tres cifras v. gr. a una persona, acertará la respuesta con los escasos conocimientos que posea; si se le exige dar una explicación, ya serán menos las que respondan bien y si, finalmente, se pide escribir ese mismo número en un sistema diferente del decimal (en que indefectiblemente lo habrá escrito o leído la persona de la primera consulta), me atrevo a decir que muy pocas, poquísimas, darán correctamente la respuesta, aunque posean conocimientos de matemática. La experiencia es de muy fácil realización. Ocurre con la numeración como con otros elementos, que al fin de aplicarlos con harta frecuencia toman carácter semi- onsciente (y es cuando mejor se hacen), siendo difícil dar razón de los mismos. La numeración decimal, hoy casi universal, es uno de estos casos.