Las Islas Británicas estuvieron pobladas originariamente por tribus celtas, hermanas de aquellas establecidas en el norte de lo que es hoy Francia y España. Asiáticos y arios de origen, lo mismo que sus sucesores los anglosajones, legaron a éstos una significativa herencia espiritual, aunque fueran relativamente pobres los rastros que han dejado en el lenguaje y en el tipo racial. Las leyendas y supersticiones que pueblan aún hoy las villas montañosas de Escocia y Gales, y la tan pintoresca Irlanda, ya sean acerca de “brownies” (bondadosos e industriosos gnomos escoceses), elfos, fuegos fatuos, gigantes y demás, son todas puramente celtas.