La poesía, dijo el gran poeta inglés Shelley, «actúa de una manera divina y desconocida, más allá y por encima de la conciencia». La inspiración es concebida por este poeta y por otros como lo hacían los griegos, es decir, como un momento en que el poeta está bajo la influencia de un poder superior divino. La inspiración es para ellos una actividad que no procede de la propia personalidad del poeta, sino que viene de fuera.
La crítica literaria antigua y aun la moderna repite estos o parecidos términos sin intentar profundizar en el difícil problema de la explicación de los mecanismos espirituales que presiden la formación de las imágenes poéticas.