No hay rama del saber que entre nosotros, y durante la última década, no haya sido reformada bajo la influencia bienhechora del nuevo método científico. Los resultados están a la vista. Los estudios históricos, por ejemplo, más que reformados, han sido total y completamente renovados. Renovados en el método, en la teoría, en la praxis, en la construcción. Renovados y transformados. Llevada, por un lado, a su más alta perfección la crítica y el aprovechamiento de las fuentes, y sentado, por el otro, el nuevo concepto de fenómeno social, humanizado y unlversalizado contra la tendencia estrecha y sin horizontes de los tiempos anteriores, ya no pudo la historia ser considerada como un género literario. Los poetas sin estro y los novelistas sin fantasía, acostumbrados a pedir a la historia la materia primera para sus ejercitaciones estilísticas, se encontraron impensadamente con una novedad desagradable. Para la mentalidad moderna, en historia, el estilo no cuenta. La materia primera, en historia, es por sí y por sí sola lo fundamental e importante.