Flatus vocis. Puro soplo de la voz. Palabra sin sentido. Sonido puro. Vana abstracción. Flatus vocís fué una trovata genial de Roscelino. No quiero entrar —¡Dios me libre!— en la cuestión histórica del nominalismo. Pero tengo una simpatía especial para con Roscelino, y por eso le cito. La posición inicial de Boscelino es la misma que tuvo Sócrates. Sin Platón, la ironía, de la cual abusan los aeudofilósofos modernos, sería un mito. Sin sus adversarios Anselmo, Abelardo y Salisbury, nada sabríamos de Roscelino, ni de sus opiniones ya anti pitagóricas, en el sentido de la pretendida distinción matemática entre el todo y sus partes, ya heterodoxas en el contrasentido de la realidad del triteísmo. Roscelino, pues, merece toda mi simpatía, porque pertenece al grupo privilegiado de aquellos que piensan mucho y escriben poco.