Reseña de Ricardo Rojas, Eurindia, Buenos Aires, 1924.
Es Ricardo Rojas, entre los actuales, el escritor nuestro más hondamente entrañado de intelecto civil. Ello dígase tanto por lo que corresponde a sus páginas de prosa polémica como con relación a su labor en verso. Su obra, valorada por la orgánica unidad que nace de la obsecuencia a un pensamiento central, ahincadamente discernido y desenvuelto hasta sus postreros alcances dialécticos, aparece, no obstante la variedad de los panoramas intelectuales que convoca, fácilmente abarcable por el juicio. Escritor unívoco en el mejor sentido del término, cada libro suyo nos allega, no la demostración altanera de una espectaculosa mentalidad polivalente, sino nuevos aspectos de una pujante fábrica ideal de la que él es místico alarife. Anímale el empeño de labrar el moderno ideario de los argentinos y en esta tarea ha conjurado a la vez que las facultades del razonador y del artista la errabundez visionaria del contemplativo. Rojas significa, superlativamente, una ideación altruista. Medita en problemas irrehusables para todo argentino, se esfuerza en obra que en cada uno de nosotros ha de contar con voluntades. Y ello lo consuma en páginas henchidas de emoción que trasciende en lírico fervor, en visionario deleite.