El Romanticismo es hijo de un estado de ánimo original y único: el espíritu de desolación y de inquietud con que se abre la edad contemporánea. Los hombres que comenzaron a vivir a principios del siglo XIX habían visto que el mundo entero se derrumbaba a sus espaldas. Las instituciones sociales, las construcciones del pensamiento, los principios morales y políticos, y hasta la religión y la fe, todo lo que había sido la labor paciente de muchos siglos caía por su base. Las instituciones y las creencias habían sido demolidas en nombre de la razón y de la libertad. Y la quiebra de la razón conducía al escepticismo y a la duda, y la libertad hacía causa común con el terror y la anarquía.