El trabajo que figura a continuación es un simple ejercicio retórico. A la par de mis alumnos de seminario, me entretuve trasladando a prosa algunos versos del Arcipreste de Hita. ¿Para qué? Para penetrar en sus procedimientos de estilo y familiarizarme con su léxico, el más copioso del siglo XIV.
Luego se me ocurrió brindar a los demás el fruto de este gustosísimo esfuerzo. Pensé que la prosificación en lengua corriente de los poetas arcaicos podía inclinar a algún profano o estudiante a su lectura directa.
Así lo entienden los franceses que prosifican a sus poetas medievales, poco menos que incomprensibles para el lector de hoy. Los castellanos, felizmente, son de más fácil acceso. No obstante, ediciones con prosificación colateral (como la del poema de Mió Cid, prosificado por Alfonso Reyes) resultan muy útiles para estudiantes y lectores comunes.
De la Comedia Humana del siglo XIV, como llama Menéndez y Pelayo al Libro de Buen Amor, he tomado para mi pasatiempo el pasaje donde se narran los amores de doña Endrina y don Melón de la Huerta, por ser este episodio el más dramático del libro y antecedente literario, como se sabe, de los amores de Calixto y Melibea. Va sólo un fragmento, formado casi todo él de preceptos amatorios de origen ovidiano.