Muy señor mío: No soy uno de «sus» seis personajes en busca de un autor, ni pertenezco a la legión de personajes que encontraron ya, en el buen gusto artístico e intelletto de amore de usted, amparo y defensa, desde que usted tuvo la genial idea de inaugurar este nuevo método de crítica estética, que consiste en escuchar directamente las quejas y las protestas de los personajes que se presentan a usted por haber fracasado, sin propia culpa, en obras artísticas o poéticas: personajes, protagónicos o no, astros o satélites, falsificados por impericia o egoísmo de sus autores: pedazos de corazón encerrados, tanquam gladium in vagina reconditum, dentro del aparatito automático y convencional de un insensible muñeco de cartón; pedazos de carne humana, torpemente cocinados en uno de esos guisos sin sabor, bautizados por la vanidad y presunción... ultraista de sus autores (en realidad, miopes intelectuales sin escrúpulos o sin cerebro como la careta de Esopo) con el nombre sugestivo de novelas, cuentos, dramas, comedias...