Erasmo de Rotterdam, una de las más brillantes figuras del humanismo, conocido por todas las épocas, querido y venerado por sus amigos, respetado hasta por sus enemigos, es una personalidad demasiado compleja para ser estudiada en conjunto. Más fácil es contemplarlo desde un solo punto de vista: la de su relación con la imprenta y con los grandes impresores de su tiempo, Aldus Manutius y Johann Froben.