Formar al futuro ciudadano de la nación debe ser la finalidad suprema de la educación pública, aun de la educación de la mujer. ¿Qué debemos entender, en este caso, por ciudadano? Al futuro miembro de una colectividad que, como tal, tendrá que actuar y trabajar no sólo por sí, sino y muy especialmente para otros: en primer lugar, para los miembros de su familia y, en segundo lugar, para la patria y la humanidad. La mujer, como el hombre, será también una ciudadana, pues tendrá que trabajar en el hogar y criar a los hijos y cuidar del esposo, y eso es ya trabajar para los demás y es tan importante como las tareas que efectúa el hombre en el taller y en las distintas actividades sociales. Por otra parte, una gran cantidad de mujeres —y este fenómeno se va acentuando en nuestra civilización— tendrán que trabajar en actividades semejantes a las del hombre. Además, ambos sexos necesitan actuar más o menos activamente como ciudadanos, tomada esta palabra, ahora, en su acepción estrecha, política.