Hasta ahora nosotros los latinoamericanos hemos sido no poco negligentes en esto [el desarrollo de la sociología], dejando que sean extranjeros quienes se hayan dedicado a tales estudios, salvo honrosas excepciones: sin duda, toda cooperación en investigaciones semejantes corresponde sea saludada con aplauso, pero nuestra propia participación en ella deberá ser cada día más y más intensa. Tenemos ahí un deber histórico que cumplir y, a la vez, un gravísimo problema sociológico que resolver: el de incorporar a la vida civilizada actual la enorme masa de millones de descendientes de aquellas culturas precolombinas, hasta ahora indiferentes a lo que pasa en nuestro continente, cuya existencia social no les interesa mayormente, porque no los hacemos participes de nuestra educación y de nuestra existencia nacional. Eso es lo que explica y justifica mi empeño de que un pensador de fuste como Ostwald Spengler venga a nuestro continente, se dé cuenta de visu de sus especialísimos problemas, y pueda así ampliar el horizonte maravilloso de su estupenda sociología.