No trataré aquí de hacer resaltar los inconvenientes que se pueden hallar al querer encarar un punto, una faz de la historia general. Juicios más autorizados que el mío ya han sido emitidos, poniendo de manifiesto cuál ha de ser la tarea de aquel que se proponga hacer un estudio de esa naturaleza.
Recordaré eso sí las acertadas palabras del señor José A. Oria: «Una ventaja tenemos, decía, sobre el investigador europeo, ventaja que aumenta considerablemente si se trata de un estudio sobre Historia contemporánea: ella es la garantía de una completa, leal imparcialidad.»
La historia de la Revolución francesa ha sido y sigue siendo la que más atracción presenta, tanto para los descendientes de sus protagonistas como para los extranjeros; dar una bibliografía completa de lo que se ha publicado sobre el período que transcurre desde 1789 hasta 1804 sería hoy tarea casi imposible. Así, respecto al punto que tratamos en este ensayo, las monografías y trabajos publicados alcanzan a una cantidad respetable, pero no existe hasta ahora ninguna obra, monográfica o de conjunto en la que se enuncien las causas del Gran miedo en una forma lógica y científica. En su mayoría son simples transcripciones de documentos o sino glosas en donde la imaginación de los autores suple la ausencia de fuentes originales.