A los fines de estimular la labor de mis discípulos, publico en Humanidades estas exposiciones que fueron presentadas por sus autores, alumnos del primer curso de lectura y comentario de textos filosóficos que estuvo eventualmente a mi cargo el año pasado, como síntesis de las exposiciones orales que ellos hicieron en clase. He dejado entera libertad de opinión a los alumnos a fin de cultivar en ellos el espíritu crítico y la fuerza de carácter para expresar con entera independencia su opinión, pues considero esencial cultivar en nuestra juventud universitaria el valor civil de decir siempre lo que se juzga ser la verdad. Lamento que la escasez de espacio no me permita publicar mayor número de composiciones, lo que sería interesante a fin de que se pueda apreciar el resultado de los métodos que empleamos en nuestra enseñanza tratándose de asignaturas no experimentales. A la tradicional conferencia del profesor, en que el alumno juega un papel más o menos pasivo, pues se concreta a oir y a tomar notas que luego, en vísperas de los exámenes, aprende con más o menos facilidad para repetir en ellos más o menos los mismos conceptos que vertiera el profesor en clase, vamos subtituyendo la labor del mismo alumno quien, bajo la dirección del catedrático, se ejercita en la lectura e interpretación de las obras fundamentales, con lo que se consigue cultivar en la juventud los verdaderos hábitos de trabajo, disciplina en el razonamiento, espíritu crítico e independencia de espíritu, todo lo cual equivale a decir edticaoión intelectual, lo que es mucho más importante que atiborrar la cabeza de nuestros jóvenes con nociones mal digeridas y pue, afortunadamente, no tardan en ser olvidadas. Todos los que ejercemos el noble arte de la enseñanza, en cualquiera de sus ramas y grados, tenemos la obligación de velar por el perfeccionamiento de la inteligencia y el carácter de nuestros discípulos a fin de que, cuando abandonen los escaños de la escuela —primaria, secundaria o universitaria— se sientan más inteligentes, optimistas y felices, y posean ideas claras acerca de las nociones fundamentales de las artes, las ciencias y la filosofía, sin la ridicula pretensión de ser sabios o filósofos.
Enrique Mouchet