Este capítulo revela las amenazas que significan los crímenes y violencia como principal obstáculo al desarrollo de Centroamérica y a su gobernabilidad. El autor resalta que el narcotráfico, las pandillas juveniles y la enorme disponibilidad de armas de fuego se nutren de la debilidad institucional y bajos índices de gobernabilidad para convertir a Centroamérica en la región más violenta del mundo. Los Estados nacionales y sus planes locales de combate al crimen se han visto superados por los vastos recursos con los que cuentan los grupos criminales que penetran con facilidad las débiles y corruptas estructuras de las instituciones llamadas a preservar la seguridad ciudadana. Concluye que mientras el problema de las pandillas juveniles, tráfico de drogas y de armas no se afronte por lo que es, un problema transnacional, los esfuerzos individuales y aislados no serán capaces de frenar la ola de violencia que azota a la región.