En 1513 publicó Aldo Manucio, en Venecia, por primera vez, el texto griego de Píndaro. El insigne impresor puso al frente del volumen, donde también incluía las obras de Calimaco, Dionisio Pariegeta y Licofrón, una carta-dedicatoria a Andrés Navagero, que tanto amaba al poeta griego; para conocer mejor los secretos de su estilo había copiado, el sabio humanista, como recuerda Aldo, varias veces el texto de las odas. Si mucho debe la Pléyade francesa y en especial Du Bellay a las poesías latinas de Navagero, no es menor la deuda de España; este prócer literario, en una famosa conversación en Granada, en 1526, encareció a Boscán que probase en castellano la métrica italiana, lo que originó el renacimiento poético en la península.