Distinguimos, como todo el mundo, la realidad psicológica de la ontológica, el yo del no yo, y por ende, en la esfera del arte, dos campos para la observación directa: uno interior, otro exterior. El objeto, lo externo, nos llega en forma de imágenes que llamamos, no sin impropiedad, visuales, auditivas, olfativas, gustativas o táctiles, según el órgano de los sentidos que intervenga en la percepción. Y conocemos el sujeto, lo interno, gracias al milagroso desdoblamiento de la personalidad en agente que observa y en paciente que se deja observar.