Sarmiento, como prototipo del hombre americano, hecho de nuestro barro, de la informe masa de nuestros defectos y virtudes, desigual en la acción y en la expresión, impulsivo, tiene de nuestras montañas la altura y majestad y de nuestros ríos la corriente impetuosa que despeñándose desde las cumbres arrastran piedras y lodo, se arremansan en el llano, donde depositan, como decía el propio Sarmiento, elementos que fecundan la tierra labrantía. Nosotros somos tierra de labranza nueva y prometedora y Sarmiento, gran sembrador en ella, dispersa sus ideas, como semillas tiradas al voleo para una gran cosecha, si las generaciones de jóvenes ponen a contribución esfuerzo renovado y fe en los destinos de América.