Desde que aprendí a sostener un lápiz cuando era chica, dibujo flores. Siempre dibujé flores pequeñas, de cuatro o cinco pétalos, de un solo color, parecidas a las margaritas... nada de otro mundo. Esa imagen está en mi cabeza desde el momento que aprendí a sostener el lápiz. En este trabajo se plasma un encuentro conmigo misma, con mi manera de producir y mi manera de ser en el mundo. Un hermoso proceso que resulta en un jardín que tiene lugar para todas las miradas.