Algunos escritores, cuando desean plantear dos enfoques educativos diferentes, en relación con la realidad americana, mencionan a Sarmiento y a Bello. Afirman esos escritores de una manera simplista: Sarmiento era partidario de emprender la reforma educativa desde abajo, es decir, partiendo de la escuela primaria; Bello, en cambio, se proponía la reforma desde arriba, esto es, desde la universidad. Y concluyen: Sarmiento tenía razón. La cosa no es tan sencilla como parece. Si se analiza el pensamiento de estos dos varones, y, sobre todo, si se observa la obra que realizaron, es fácil notar que no existen tales divergencias entre ambos educadores. Es más, se llega a la conclusión de que Sarmiento, a pesar de haber en ciertos instantes de su juventud disentido de la obra de Bello, sin coriocerla, termina admirándola después; reconociendo su magisterio, y realizando en su patria del sur lo que Bello había cumplido en Chile. En una palabra, puede aseverarse que Sarmiento viene a ser otro discípulo de Bello, en un grado mayor de lo que a simple vista pueda parecer.