Desde muchos años antes al de su pronunciamiento contra la tiranía de Rosas, el gobernador de la provincia de Entre Ríos, había logrado despertar la atención de todos aquellos que vivían puestos sus ojos en la Patria, para liberarla del poder despótico de Rosas. Es que Urquiza no era solamente primera espada, sino un gobernante imbuido de elevados propósitos de bien público, que se concretaban en una obra progresista que alcanzaba a percibirse más allá de las fronteras de la Confederación. Natural resultó entonces que uno de los que más afanosamente vivía auscultando la realidad de su país, fijase también su mirada inquieta, inteligente y centelleante, en ese hombre y en esa tierra entrerriana. Sarmiento, ya crecido en justa fama, por sus escritos medulosos y sus acciones, de progreso y de constante lucha, como el númen Echeverría y tantos otros, tan ilustres y tan esforzados campeones de Mayo, oteaba el horizonte platino, desde allende los Andes.