Desde la recuperación democrática en Argentina se comienza a promover -además del ingreso plural, inclusivo, irrestricto de estudiantes- la flexibilidad y la horizontalidad en el modelo de gestión de cada cátedra universitaria, con la finalidad de limitar el control ideológico-conservador y elitista de agentes sociales; requerimiento íntimamente relacionado con el transcendental proceso de democratización de las universidades.