El desarrollo del Práctico consistió en dos etapas: la primera mantuvo problemas de resolución numérica que aportaron habilidades en el manejo de fórmulas y la segunda fue la práctica innovadora referida a un sistema real, natural, como es el “paisaje kárstico”, del cual los alumnos poseen conocimientos previos básicos donde aplicaron conceptos de pH, actividad, hidrólisis, buffer y producto de solubilidad. Inicialmente se les entregó material escrito para su lectura comprensiva, con preguntas guía destinadas a despertar la curiosidad y a plantear interrogantes para arribar clara y concisamente a la resolución del problema propuesto. Para lograr una mejor visualización del sistema se utilizó una presentación digital con fotos y esquemas representativos. El pizarrón se usó como espacio para la resolución numérica y simbólica, donde alumnos y docentes trabajaron mancomunadamente, permitiendo una vinculación multidireccional de la clase (alumno-alumno, alumno-docente, docente-alumno). Los conocimientos se tornan útiles, se interconectan, y se destierra del aula el “interrogatorio” que predispone al alumno negativamente frente al conocimiento y la reflexión. La clase se dinamiza y funciona como un ensayo de entrenamiento de los estudiantes para la generación de soluciones válidas de posibles problemas en su futura profesión.