La tesis de Giambastini aborda el análisis y las soluciones proyectadas para los problemas actuales que afectan a la industria vitivinícola argentina, una actividad de gran jerarquía y pujanza dentro del concierto industrial del país, con un capital invertido que se aproximaba a los $5.600 millones en 1950. La investigación se centra especialmente en la zona cuyana (Mendoza y San Juan), que abastece aproximadamente el 70% del consumo nacional.
El tema central de la tesis es la crisis generada por el desajuste entre una producción vitivinícola estacionaria y un consumo creciente. Se observa que, entre 1938 y 1950, el consumo per cápita se elevó de 52,91 a 66,45 litros, agotando el stock disponible. El análisis detalla los factores determinantes de esta situación, clasificados en problemas de producción de materia prima (como la disminución de los caudales de agua para riego y el avance de plagas como la filoxera), relativos a la elaboración (como la falta de reglamentación de la Ley N° 12.372 y la escasa capacidad de vasijas), y relativos a la comercialización (como la deficiente organización industrial, la compleja regulación de costos y precios, y las limitaciones a la importación).
Su objetivo principal consiste en proponer un marco de soluciones para encauzar el desarrollo de la industria. Las soluciones proyectadas se orientan a cuatro fines esenciales: aumentar el área cultivada (estimando la necesidad de 70.000 hectáreas adicionales), aumentar las disponibilidades (incluyendo importación temporal y posible hidratación transitoria del vino), fijar precios compensatorios que permitan cubrir los costos fluctuantes de la producción, y lograr la racionalización administrativa. Como medida fundamental para esta racionalización, se propicia la creación del "Instituto Vitivinícola Argentino" como entidad autárquica para unificar y planificar la acción estatal en la producción, industrialización y comercialización del sector.