En cada momento histórico y en cada situación particular se han planificado un conjunto de políticas públicas que manifiestan una determinada modalidad de intervención del Estado en relación a una cuestión que concita atención, interés y movilización de otros actores de la sociedad afectando la vida de las personas e influyendo en su interpretación de la realidad. Un detalle a tener en cuenta es que si esas políticas públicas se realizan en el marco de los Estados de Bienestar o en los contextos de dilución de las filiaciones sociales. Tampoco es menor la consideración de la población a la cual están orientadas si se trata de grupos minoritarios ubicados en la categoría de incapacidad de hacer uso de los resortes institucionales que ofrece la sociedad o de grandes grupos impedidos socialmente de ejercer sus capacidades autónomas.
En ese sentido la temática de la vejez y el envejecimiento ha entrado con fuerza como uno de los temas en los que se entiende que el Estado y las políticas públicas tienen algo para decir. La vejez como construcción social y el envejecimiento como experiencia individual forman parte de uno de los fenómenos más importantes de los últimos siglos.