Un estudio que arranca del plano formal de la obra literaria, como el que presento aquí, supone un texto definitivamente establecido y, dentro de los límites variables de la interpretación elocutiva, una lectura con entonaciones definidas. A falta del primero, he debido recurrir a la versión incluida en las Obras Completas de Bécquer (10ª ed., Madrid, Aguilar, 1961), que dista mucho de ser satisfactoria. Para la segunda me he.basado en mi propia lectura, tratando de conciliar el ritmo sugerido por la puntuación con la que creo entonación adecuada al sentido, aun admitiendo que otro lector puede interpretar las páginas de Bécquer de otra manera.