La noche se esconde del amanecer mientras Luna recorre los verdes bosques y juega con la naturaleza, cuando se cruza con su pasado olvidado en las viejas paredes de un castillo ya abandonado y perdido, rememorando un tiempo lejano con tristeza y añoranza, aún sin perder sus últimos retazos de esperanza. La acuarela y los tonos fríos abrazan los sentimientos de melancolía con un clima tenue, contrastando con los fuertes trazos de crayones que envuelven a Luna, resaltandola del entorno que la rodea.