Una sofocante tarde de enero en la ciudad, el narrador espera el colectivo bajo un sol abrasador, sin sombra ni refugio, junto a un grupo de pasajeros igualmente agotados. Tras abordar el micro abarrotado, la incomodidad del calor y el esfuerzo se intensifican mientras el paisaje urbano desfila por la ventanilla. En la intensa sofocación, baja en la parada equivocada, obligándolo a caminar por un entorno de pastizales y gente al acecho. Evocando recuerdos de su infancia junto a su tía Adela como el último resguardo de su consciencia. En medio de estas memorias, despierta en un lugar inesperado mientras una enfermera lo interroga sobre su identidad.