El tejido óseo es uno de los pocos capaces de repararse a sí mismo de manera completa.
Esto lo diferencia de otros tejidos que curan mediante “cicatrización” en los cuales se forma un nuevo tejido conjuntivo que difiere estructural y funcionalmente del original previo a la lesión.
Esta capacidad excepcional del tejido óseo es un atributo invalorable a la hora de pensar en el tratamiento de las fracturas, dado que si las condiciones generales del paciente, locales de la fractura y la intervención del médico actúan favorablemente, tendremos la oportunidad de retornar a la situación previa a la lesión.
Los huesos no sólo se renuevan cuando existe una fractura. Es un proceso que se prolonga a lo largo de toda la vida y que se basa en dos conceptos: la osteogénesis o creación de tejido nuevo mediante los osteoblastos, y la resorción ósea bajo la responsabilidad de los osteoclastos, encargados de destruir las partes más deterioradas para facilitar la regeneración.