La charla entre militantes de la primera Resistencia peronista y este comentario en particular han actuado como un disparador que me ha llevado a reflexionar acerca de las razones que condenaron a la Resistencia peronista desarrollada durante los diez años que siguieron al golpe de Estado de 1955 en Argentina, a un lugar marginal en la memoria colectiva respecto de otros períodos históricos.
Ese es uno de los objetivos que persigue este capítulo. Pero además, existe otro silenciamiento que atraviesa a esa experiencia de resistencia y es aquel que atañe a la participación femenina; las mujeres han sido eliminadas de los relatos sobre la Resistencia o condenadas a un papel de mero apéndice de actividades llevadas a cabo por militantes varones. La historia oral nos ofrece interesantes líneas de análisis para problematizar ambos tipos de silenciamiento, entre las cuales podemos mencionar los diferentes usos de la memoria, la relación pasado-presente y la vinculación entre relato individual e historia colectiva. Además nos interesa explorar cómo el género interviene en la construcción de los relatos y en la articulación entre discursos públicos e individuales. Dichas dimensiones, que ya han sido aplicadas a estudios sobre la militancia en la década de 1970, todavía no han encontrado eco para el análisis de la Resistencia peronista en los años sesenta y tempranos setenta del siglo XX. Me interesa abordar particularmente una dimensión de la Resistencia peronista, que es aquella que se vincula al uso de la violencia, ya que la misma constituye un aspecto problemático que ha incidido decisivamente en los silenciamientos que se han construido sobre dicho proceso histórico y sobre el lugar de las mujeres como partícipes del mismo. El análisis será desarrollado a partir de entrevistas propias realizadas a militantes de la época, entrevistas disponibles en archivos públicos y testimonios extraídos de libros de divulgación y de la película Los Resistentes.