¿Cuál es el lugar de la fantasía en la formación de síntomas? ¿Es posible considerarla como una formación del inconciente? ¿Cómo situarla en relación a la pulsión? En respuesta a estos interrogantes rastrearemos en primer lugar, la relación de la fantasía con la formación de síntomas, para luego enunciar algunos interrogantes en una vertiente más vinculada a lo pulsional.
La noción de fantasía se puede explorar en diferentes textos a lo largo de la teoría psicoanalítica. La encontramos especialmente trabajada en la 23ª Conferencia “Los caminos de formación del síntoma”, en la cual se la puede ubicar como forma de obtención de placer emancipada del examen de realidad.
Freud nos dice que va a explorar la génesis e importancia de la actividad del espíritu que llamamos fantasía, y que goza de universal estima. El hombre, para obedecer al principio de realidad y por apremio exterior “tiene que renunciar de manera transitoria o permanente a diversos objetos y metas de su aspiración de placer” (Freud, 1916-17c/1979-82, p. 339). No lleva a cabo esta renuncia sin algún tipo de resarcimiento. Se ha reservado una actividad del alma en que se concede a todas esas fuentes de placer resignadas. La fantasía aparece como una supervivencia, una forma de existencia que la emancipa del requisito de realidad.