El derecho a la identidad es un derecho humano inalienable, inherente a toda persona. Las técnicas de análisis del ADN colaboran con el ejercicio de este derecho, ya que, si se estudia en cromosomas no sexuales, cromosomas sexuales y mitocondrias un número estandarizado de determinadas secuencias (marcadores) de ADN, que son altamente variables en la población, se pueden obtener de manera precisa probabilidades de vínculo genético, ya sea de paternidad, abuelidad, u otras, lo suficientemente altas como para prácticamente confirmar o descartar un vínculo genético. Si bien la mayoría de los genes son iguales en todas las personas, el ADN de cada individuo, que es heredado de los progenitores, es único, pues una pequeña porción (menos del 1 por ciento del total) varía un poco de un individuo a otro, determinando rasgos únicos. La obtención de ADN es el punto de partida para la mayoría de los análisis genéticos, incluso contando con pequeñas cantidades del mismo, es posible amplificar secuencias determinadas a través de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR por sus siglas en inglés: Polymerase Chain Reaction). En algunas circunstancias, cuando no es posible obtener muestras de sangre, el ADN obtenido a partir de huesos o bulbos capilares puede ser utilizado para estas determinaciones.