En 1995, Giorgio Agamben publica el primer volumen de lo que sería una investigación de veinte años, conocida como la serie Homo sacer. Su propósito, en pocas palabras, es llevar a cabo una arqueología filosófica de los conceptos fundamentales de la política en Occidente.
En este marco, definirá sus conocidas tesis sobre la “biopolítica” y, entre ellas, quizás la más inquietante: los campos de exterminio nazi definen el “paradigma” extremo de la política contemporánea. Para Agamben, “Auschwitz” fue el más absoluto espacio biopolítico donde se produjo una “vida desnuda” despojada de todo estatus jurídico. Como dirá en Mezzi senza fine (1996), no solo se trata de un “lugar en que se ha realizado la más absoluta conditio inhumana que se haya dado nunca en la tierra” sino, sobre todo, allí se encuentra una “matriz oculta, el nomos del espacio político en el que aún vivimos” (p. 35).
Ahora bien, es necesario señalar que, cuando Agamben piensa “Auschwitz” como “paradigma”, no busca determinar de manera fáctica qué sucedió exactamente en uno de los sucesos más atroces y extremos de la historia política, sino, en principio, comprender la particular estructura jurídico-política que implicaban los campos. Su investigación se pregunta cuáles fueron las condiciones que hicieron posibles la existencia de los campos de concentración, para que pudieran ocurrir, allí, semejantes hechos.