La educación en contextos de encierro punitivo ha dejado de ser un área de vacancia para constituirse como un campo de acción e investigación que ha ganado notoriedad, tanto en nuestro país como en el resto de los países latinoamericanos. Merece la pena señalar que la educación en contextos de encierro punitivo nace con un fin ligado a la resocialización de los detenidos en tanto es uno de los pilares del tratamiento penitenciario. No obstante, podemos definir a ésta como un espacio intersticial en el cual se despliegan lógicas de funcionamiento diferentes a las que predominan en el resto de los espacios carcelarios, signadas por la violencia, la vulnerabilidad y el abandono. Numerosas investigaciones que anclan su trabajo en espacios de educación primaria, secundaria, universitaria y en talleres que comprenden el universo de la educación no formal en cárceles han dado cuenta de ello (Berenstein, 2014; Bustelo, 2016; Di Próspero, 2019; Frejtman, 2008; Gutiérrez, 2020; Morini, 2023a; Parchuc, 2019; Perearnau, 2016; Pérez, 2020; Rodríguez, 2012; Scarfó, 2002; Schneider, 2024; Umpierrez y Salvadé, 2020). Ahora bien, ¿cuál es la situación de las alcaidías penitenciarias?, ¿existen actividades educativas o de recreación? En procura de dar una respuesta, en el presente trabajo nos proponemos recuperar una experiencia educativa desarrollada en la Alcaidía de Melchor Romero desde una perspectiva etnográfica (Rockwell, 2009) que recupere las voces de los participantes.