Al intentar definir con precisión qué es una revista cultural, nos percatamos de que, más que un objeto de estudio, es todavía un objeto no identificado.
Si la investigación sobre publicaciones periódicas no empezó hasta bien entrada la era de la industrialización (Bohrmann, 1999: 892), más años aún tendrían que pasar hasta que se produjeran los primeros intentos de definir las revistas como objeto de estudio autónomo dentro del conjunto de la prensa.
La mayoría de esos ensayos definitorios, que se encuentran tanto en el ámbito de los estudios de comunicación y publicidad como en los estudios de los medios, tienden a caracterizar las revistas ex negativo y explicarlas a partir de lo que les falta para ser un periódico: frente al diario carecen de actualidad y de universalidad, ya que las revistas suelen reducir sus contenidos a un ámbito temático más restringido; su publicidad resulta menor, porque no cuentan con tanto público lector ni con tanta circulación ,y, finalmente, su periodicidad es más reducida en comparación con la regularidad y la frecuencia del diario (Meenhard/ Trede: 18). Desde la perspectiva de los estudios de la comunicación, que se concentran precisamente en los periódicos de más difusión para analizar su impacto en la esfera pública, la revista resulta un medio de menor importancia.