A lo largo de las últimas décadas, diversas formas que han emergido desde diferentes sectores del cuerpo social, pueden considerarse como disidentes al sistema. El arte en general, es una de estas dimensiones que propone alternativas para visibilizar lo invisible, aquello que oprime a los seres sociales de una forma encubierta. Esta faceta de la vida de las personas, tiene la capacidad de articular experiencias que ontológicamente reafirman la dignidad humana. Si bien es cierto que bajo la aplanadora del capitalismo, el sistema económico tiende a convertir a algunos objetos artísticos en mercancías al servicio de la máquina del consumo (Horkheimer y Adorno, 1998), no menos es cierto que existan también obras de arte que desafían las narrativas dominantes y se proponen como verdaderos espacios de contrahegemonía (Williams, 1980).
Teniendo en cuenta estas premisas, en las siguientes líneas nos proponemos analizar un corpus de obras musicales latinoamericanas de los últimos tiempos, cuyas narrativas poseen una temática relacionada con la hegemonía neoliberal. Dichas obras son las canciones: “La ciudad liberada”, del artista argentino Fito Páez, (2017); “Hijos del rigor”, de la banda uruguaya Motosierra, (2001); “Shock” de la cantante chilena Ana Tijoux, (2011) y “El aguante”, del conjunto puertorriqueño Calle 13, (2014). Estos objetos artísticos emanan un despliegue multifacético de narrativas, que involucran no solo la semiótica de las letras y los elementos estrictamente musicales, sino también la narrativa visual de los videoclips y las puestas en escena de los conciertos, proporcionando una pluralidad de elementos que convergen en ofrecer alternativas culturales para los diversos contextos de la experiencia estética.