A través del presente artículo comparto ciertas inquietudes, reflexiones y cuestionamientos, sobre la transformación en el campo de estudio de la espiritualidad de aquellos que declaran no tener adhesión religiosa. La Nueva Era propone que la espiritualidad no es algo exógeno a las personas, sino que es vivida y experimentada permanentemente, configurando un estilo de vida. El cual desde la década del 60’ fascinaba y maravillaba a propios y ajenos. A propios que buscaban individuos con los cuales compartir creencias, pensamientos, prácticas, recursos y conformar una comunidad. Los ajenos, antropologxs y/o curiosxs, encontraban encantador como este grupo de personas creaban comunidades; un circuito cuasi secreto, pero a plena vista, generando una forma “alternativa” de vivir. Con el devenir del tiempo, el estilo de vida de la Nueva Era se ha ido expandiendo, penetrando las esferas de la vida secular. Objetos como inciensos o mat de yoga, por nombrar algunos a modo de ejemplo, pasaron a conseguirse en tiendas multirubro, en cualquier lugar. El circuito había dejado su estado de sumergido, brotando a la superficie.
En la actualidad con la masificación de las redes sociales en internet, crean nuevas formas de apariciones de la espiritualidad y con ella una serie de interrogantes: ¿se puede decir que el circuito se transformó nuevamente? ¿Nacieron nuevos patrones de comportamiento, donde las fronteras porosas de la vida online y offline, cada vez se mimetizaban más? ¿La horizontalidad de la espiritualidad new age y las redes, evidenciaron la materialización del circuito trascendiendo fronteras? ¿De qué forma impactan estos cambios, en la generación de nuevas estrategias metodológicas para su estudio y abordaje?