En los años 90, los medios difundieron la ideología de la globalización según la cual se acababan las fronteras y los territorios. Pese a eso siguieron ordenando sus modelos de negocios geográficamente y creando discursivamente territorios e identidades.
El Conurbano Bonaerense es uno de esos territorios creados en el cual se está forjando una identidad conjunta. El llamado «Conurbano» es una porción territorial que rodea a la Capital Federal. Estos 24 partidos concentran casi 10 millones de personas. Su población numerosa y su cercanía con la Capital Federal, convierte a este sector en un motor esencial de la economía nacional y le dan un contundente poderío electoral.
Las identidades de cada ciudad (quilmeño, adroguense, berazateguense, moronense, etc.) se fueron perdiendo para conformar una pertenencia regional al Conurbano. Una palabra que parece definir modos de vivir juntos y hasta de ver el mundo. Mientras algunos a la filiación «Conurbano» le dan valores tremendistas, parte de sus habitantes lo retoma con una actitud reivindicativa. Allí juega una fuerte presencia la idea de identidad. Ese proceso por el cual un grupo social se cohesiona a través de lazos simbólicos preestablecidos y a la vez que se van generando con el devenir de la historia y la cultura común.