La producción visual -sea ésta artística o no- es una de las tantas tecnologías de género que colaboraron en moldear y construir subjetividad, a la vez que permitió evidenciar cómo los cuerpos fueron disciplinados para habitarse “posibles” o “no” en términos de socialización y consolidación identitaria. En esta clave, la lectura de imágenes con estudiantes nos permitió observar cómo se construye el ideal de un cuerpo, reconocer cuáles son los patrones que articulan una belleza con las nociones de bondad y verdad imperantes en cada época, e historizar a qué modo de producción social responden. La experiencia de/en/con la historia de las artes visuales (HAV) me ayudó a ir registrando qué voces y desde qué lugares de enunciación las escuelas (7 casos de instituciones educativas públicas de nivel medio, terciario y universitario) dicen en/con/a través de estos espacios curriculares. Y, por tanto, decimos quienes acontecemos en sus aulas.