El optimismo entendido como las expectativas positivas sobre los posibles escenarios que la nueva Argentina enfrentaría con la elección de Mauricio Macri como presidente allá por Diciembre del 2015 se convalidaron, al menos, parcialmente durante este 2016. Las experiencias en otros países ante una situación similar muestran claramente que si esta confianza en la economía no es acompañada con políticas concretas que incentiven la inversión y contemplen los efectos sobre el consumo de los hogares ante cambios de regímenes macroeconómicos tienen como consecuencia una caída del PBI o su tasa de crecimiento. Las decisiones de inversión, aunque tienen en el optimismo un componente importante, no se determinan solo por señales.