Los últimos 33 años en democracia son suficientes para extraer algunas conclusiones sobre los distintos programas económicos implementados.
Hubo 20 años de crecimiento y 13 de caída, junto con una altísima inflación promedio (70% anual) que tuvo por extremos una hiperinflación (1989) y una deflación (2001). El resultado general no ha sido bueno:
se creció menos que cualquier país equivalente y que América Latina y el mundo.
Es evidente que muchos programas, originados en distintas concepciones, han fallado, sea porque no han sido técnicamente consistentes o se hizo todo bien pero en la dirección incorrecta, o bien porque no tuvieron el apoyo político necesario.
La idea de esta nota es analizar este último punto, porque siempre que se diseña un programa es fundamental el análisis del contexto político, caso contrario tiene altas probabilidades de fracasar. La acertada evaluación de la economía política de la política económica es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el éxito del plan.