Cuando comenzamos con este proyecto de transmitir lo que para nosotras eran buenas prácticas para llevar adelante una investigación penal relacionada con el delito de abuso sexual contra las infancias y adolescencias, un millón de ideas vinieron a nuestras cabezas, y es que es tanto lo que debe y debería hacerse que no podíamos parar ese aluvión de conceptos que inundaban nuestras mentes de todo lo que nos parecía importante para el abordaje de esta conflictiva y dolorosa situación tan dañina para Niñas Niños y Adolescentes (en adelante NNyA). Es que el abuso sexual y toda otra forma de maltrato contra las infancias y adolescencias es un flagelo que afecta a la sociedad en su conjunto, y, principalmente, un sometimiento grave para las personas en situación de víctimas que lo padecen, ocasionando consecuencias que afectan su sano desarrollo psicofísico.
Al comienzo de nuestro análisis, estábamos convencidas de que para el puntapié inicial, lo importante era partir de la forma en que debe utilizarse el lenguaje, la palabra por parte de las y los operadores judiciales hacia las personas en condición de víctimas y/o familia que acompaña, pero luego entendimos que mal podemos iniciar hablando de transmitir con un lenguaje sencillo claro o inclusivo, si antes no tenemos la capacidad de poder escuchar los relatos de las personas en situación de víctimas. Y es que para poder escuchar simplemente tenemos que callar.