Se denomina tinta invisible o tinta simpática, a aquella que al aplicarla sobre un papel no deja ver lo escrito hasta que se emplea un método de revelado. Su historia se remonta a más de 2000 años atrás y fue utilizada por los antiguos griegos y romanos.
El primer registro proviene del escritor romano Plinio el Viejo en el siglo I d.C., quien mencionó el uso de la leche o savia de la planta titímalo o “Euphorbia peplus” como tinta invisible en su “Historia natural”.
Fueron muy utilizadas para enviar mensajes secretos, especialmente en periodos de guerra.
Su empleo durante la Primera Guerra Mundial las hizo ampliamente conocidas y han estado, siempre, ligadas a temas de seguridad y espionaje.
Hay distintos tipos de tintas invisibles, dependiendo de si están confeccionadas con productos naturales como la cúrcuma, el jugo de limón, leche y azúcar, entre otros, o son compuestos químicos como el cloruro de cobalto. En su revelado también pueden emplearse distintos métodos, calor, una reacción química o una determinada longitud de onda de luz para poder ser visualizadas.
En el laboratorio del Museo de Química estas técnicas son empleadas en visitas educativas. Para su realización se utiliza cloruro de cobalto o cúrcuma. Brevemente, se describirán ambas técnicas.